Hoy, 28 de enero, comunicamos que seguimos en guerra. Comunicamos que la situación de nuestra patria está cada vez más comprometida. El enemigo avanza fundamentalmente en destrozar las unidades productivas, en destruir el trabajo de nuestras compañeras y nuestros compañeros que todos los días sostienen este país. En este momento, seguramente, hay alguna decisión de despido en curso. Y, prontamente, la burguesía, los empresarios, van a tener una ley que los ayude a despedir más fácilmente. Creemos que ya está todo negociado para que esa ley salga.
En esta situación tan difícil para el futuro de nuestra patria, también nos encontramos con un robo total a nuestra gente en cada una de nuestras viviendas, con los servicios. Y, seguramente, va a haber un aumento de precios, porque están subiendo todas las materias primas y los insumos.
Quiero contarles un poco lo que está pasando, por ejemplo, con la situación de la leche en nuestro país. Este año, a pesar de haber producido casi un 9% más de leche, nuestra gente consumió, en el caso de la leche y los quesos, un 22 % menos. Eso quiere decir que esa leche no se perdió ni se tiró en las rutas. Esa leche se fue a otros países: en leche en polvo, algo en muzzarella, algo en queso, pero mayormente en leche en polvo, para que la tomen chicos de otros países, mientras los nuestros siguen sufriendo esta mala alimentación que hoy tienen nuestros pibes.
Todo esto es muy raro, porque la gente no entiende algo de sentido común. Tanto los políticos de un lado como los del otro nos hablan siempre de que tenemos que exportar más, de que necesitamos más dólares. Y la verdad es que eso también es una mentira que tenemos que destruir. Cada vez que tenemos más dólares, lo único que pasa es que las grandes empresas y los grandes jugadores de la timba financiera se llevan esa leche convertida en dólares hacia afuera: en pago de deuda, en fuga de capitales, y nos dejan a nosotros sin nada.
Por eso el modelo que planteamos desde las empresas recuperadas, y desde la discusión política con compañeros de otras organizaciones, es pensar qué hacemos después de este desastre y esta catástrofe que va a suceder en nuestra patria. Lamentablemente, creemos que esto va a llevar tiempo. La necesidad de construir poder popular nos lleva años. No va a alcanzar con atajos, como los que se están buscando y en los que lamentablemente caen muchos compañeros y compañeras del campo popular. Buscar un atajo frente a una situación tan difícil es una tentación permanente. Pero esta situación necesita, necesariamente, una fuerza política que nazca desde el llano, con nuevos dirigentes, fundamentalmente comprometidos con su pueblo. Y con el pueblo entendido bien por abajo. Porque la verdad está bien por abajo. No está en las universidades, ni en los intelectuales, ni siquiera en los militantes. Está abajo.
Cada vez que vamos a un barrio, los compañeros y compañeras nos enseñan cómo es la cosa. Nos enseñan cómo se reparte la riqueza, cómo se comparte, cómo se comparten incluso las pocas alegrías que tiene nuestro pueblo, pero sobre todo cómo se comparte la desgracia. Cómo se rebuscan para crear comunidad en las peores condiciones. Muchas veces, desde mejores condiciones —trabajadores en relación de dependencia, sectores de clase media— no comprendemos esa situación. Y así fracasamos permanentemente en un modelo que nos humilla, que nos saca el corazón y el alma en función de tener consumo, y solamente consumo.
Nosotros queremos que nuestro pueblo consuma como debe consumir, claro que sí. Pero no queremos que el consumo nos domine ni nos marque el camino. El camino tiene que marcarlo otra humanidad.
Hoy escuchaba a un compañero intelectual de Bolivia, muy respetado por nosotros, que hablaba de esta nueva forma de hacer. Y me parece que esas nuevas formas son las que tenemos que aprender para después conducir el país de la misma forma. También escuchaba al presidente de Canadá decir que se había acabado un mundo. Algo que nosotros venimos repitiendo hace tiempo: la fisión de las organizaciones mundiales, que hoy ya no tienen ningún sentido. Lo plantea alguien que fue presidente del Banco Central inglés, no alguien del campo popular.
Ellos lo piensan desde cómo defender el capital, cómo juntar naciones intermedias frente a las grandes potencias. Pero nunca incluyen a los pueblos. Siempre hablan de las burguesías respectivas, nunca de complementación económica entre los pueblos, ni de soberanía industrial, alimentaria o política. Eso nunca está sobre la mesa.
Por eso nosotros nos propusimos no hablar tanto de la coyuntura, sino de los problemas fundamentales de nuestra patria y de cómo debería ser nuestra militancia social y política. Porque no puede estar tan lejos de nuestro pueblo como lo sigue estando la dirigencia política en Argentina. Es un escándalo cómo vive la dirigencia política respecto de cómo vive nuestro pueblo. Así nunca se van a acercar. Uno puede pedir sacrificios en momentos de crisis, claro que sí. Pero ¿cómo se los va a pedir alguien que vive derramando riquezas todos los días, que vive como la burguesía mundial? ¿Con qué autoridad moral?
Por eso decimos que las construcciones que se hacen desde arriba ya no son válidas. Las que se hacen desde los medios de comunicación, las peleas por partidos totalmente acabados, con dirigentes que pueden seguir engañando a algún militante que necesita trabajar, pero que no nos vengan a mentir más.
En 2027 van a aparecer candidatos de todos los sectores. Algunos van a intentar que el Partido Justicialista se acople a este modelo de país: desocupado, colonial, primarizado, con algo de energía y algo de alimentos para el mundo, pero nunca más que eso.
La crisis del sistema capitalista es una crisis terminal. Es una crisis de sobreproducción. No escuchen a nadie que les diga que hay escasez o que el problema es si el mundo es multipolar. Los grandes bancos del mundo —chinos o yanquis— funcionan de la misma manera. Los BRICS funcionan igual que el Fondo Monetario Internacional. Si les debés al Fondo, primero pagá y después vení a pedir. No hay complementación real.
Por eso insisto tanto en el diagnóstico. Saber cuál es la situación mundial y cuál es la situación de nuestro país es lo principal. Estamos atacados por Estados Unidos, con una Casa de Gobierno tomada por el Departamento de Estado, con ministros que dependen del JP Morgan, con una estructura financiera que nos fuga divisas y nos hace pagar deudas que no son nuestras. Y por otro lado, estamos atacados por la guerra comercial de China hacia nuestras industrias. Esos productos que vemos todo el tiempo en nuestros celulares son misiles. Son misiles que destruyen fábricas, puestos de trabajo y la posibilidad misma de ser país. Si no frenamos esto rápidamente, no solo vamos a perder Malvinas: vamos a perder Tierra del Fuego, vamos a perder nuestra capacidad de ser.
Sabemos que no es el odio lo que los mueve, sino el capital. Es el capital el que los mueve. Es la imposibilidad de un sistema que está totalmente acabado y que ya solo puede ofrecerle a los pueblos lo que nos ofrece hoy: guerra, desocupación, muros o muerte. Lo vemos en Estados Unidos con los inmigrantes, lo vemos en Palestina, lo vemos con Irán, lo vemos con Venezuela. Tener a la compañera presa, al compañero Maduro preso, a la compañera Celia presa. Hacen lo que se les canta.
En el caso de Cuba, hubo una respuesta muy importante de la presidenta de México, que por lo menos tuvo la dignidad —“por lo menos” porque todos los países tendrían que haberlo hecho— de tomar una decisión soberana y mandar petróleo al pueblo hermano de Cuba. Y esto lo digo para que todos entiendan: nosotros no somos acríticos. Somos críticos de nuestras propias experiencias, somos críticos de las empresas recuperadas por lo que no hacemos, y seguramente hay críticas en Cuba por lo que no se hizo. Lo que no podemos dejar de pensar es todo lo que hizo Cuba por nosotros hace muchos años. No lo digo como consumo, sino como ejemplo. ¿Qué no dieron los cubanos? Siempre se señala lo que no, pero el tema es entenderlo como ejemplo de lo que podíamos haber hecho. Es más, lo intentamos en los 70. Lo intentamos. Estuvimos ahí. Estuvimos cuando se juntó centralmente la dirección de la clase trabajadora con organizaciones guerrilleras y sectores medios comprometidos.
Porque si bien es cierto que en algunos países la estructura social es distinta a la de Argentina, por la existencia del peronismo, acá el peronismo logró —para bien o para mal— amalgamar cosas que no se pueden amalgamar en otros lugares. Logró que la conducción de los trabajadores se uniera con sectores de clase media, no todos, pero sí algunos, sobre todo jóvenes de clase media que en los 70 se juntaban y peleaban todos juntos.
Dejo esto para pasar un poco a Bolivia. Y Bolivia no la pasamos solamente por el respeto que le tenemos al compañero como intelectual y por los planteos que tiene, sino porque es un pueblo que sigue luchando. Sigue luchando en la calle, organizado como puede, sin una dirección política hoy consolidada, pero con una memoria histórica muy fuerte: la lucha del movimiento obrero, la lucha de la Central Obrera Boliviana (COB), con todas las contradicciones que tuvo.
La COB decía en su momento: “No queremos tomar el poder porque esta no es la etapa”, y hubo diferencias con la Central. Pero nadie puede negar el compromiso de la mayoría de sus dirigentes y de la mayoría del pueblo boliviano. Siguen peleando, siguen utilizando la calle como lugar de demostración de fuerza para frenar todas las agresiones —o al menos parte de ellas—. No están solucionando la vida de todos los bolivianos, pero están demostrando que se puede pelear y frenar algunas decisiones que vienen del poder internacional como órdenes al nuevo gobierno. Un gobierno totalmente liberal, con muy pocos recursos para hacer otra política que no sea el ajuste.
Julio: Ahí, Vasco, Rafael Bautista habla de la “memoria larga”. Y creo que nosotros podemos decir que tenemos memoria larga. Podemos hablar de la región indígena que peleaba contra la corona española. Podemos hablar en nuestro país de los compañeros anarquistas que cargaban bolsas de 90 kilos en el puerto y que, luchando, lograron que se cargaran bolsas de 50.
También podemos hablar de la resistencia peronista, que tenemos tatuada en el alma. Y de todos los compañeros que en los 70 dieron la vida para que tengamos patria. Esa memoria larga nos va a ayudar para que los compañeros y compañeras militantes, mirando el futuro de nuestros hijos, salgamos a la calle. Y no a pasear. Creo que ya se terminó eso de ir a pasear a las calles. Se terminó eso de hablar y hablar. Lo que nos queda es esa memoria larga: salir a la calle y hacer lo necesario para cambiar lo que haya que cambiar.
Vasco: La memoria larga es clave, sobre todo para pensar con los jóvenes. A los jóvenes les cuesta mucho hablar de memoria larga. En reuniones de amigos, incluso, aparece la idea de que la historia no existe. Como decía Walsh, eso es lo que siempre quiso la oligarquía: que todo empiece de nuevo, que nada tenga historia, que el movimiento obrero no tenga historia. Muchos dicen: “¿Para qué quiero saber historia?”. Yo siempre digo lo mismo: los hombres y las mujeres no cambiamos como un celular. No somos un dispositivo nuevo cada año. Necesariamente tenemos que tener memoria larga.
Somos los mismos seres humanos, con celular o sin celular. Esa inteligencia común, esa inteligencia acumulada, es la que necesitamos. Sin esa inteligencia de la humanidad y del movimiento obrero, es imposible continuar. ¿A quién se le ocurre que nosotros inventamos la pólvora? Todo lo que sabemos lo recibimos del movimiento obrero mundial: luchas anarquistas, luchas salariales, luchas campesinas, luchas indígenas.
Esa memoria larga es la que nos ayuda a pensar un futuro distinto. Porque sabemos que en algún momento los asustamos. No les ganamos, pero los asustamos. Salimos a la calle, peleamos, resistimos. Esa memoria hay que rescatarla.
Vasco Murúa
28 de enero de 2026, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
