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«No quiero ser potencia, quiero que mi pueblo coma bien»

En la cuarta edición de Conversaciones para la Resistencia, hablamos con Facundo Gramuel, presidente de la cooperativa Mastercheese, una empresa láctea ubicada en la localidad de Marcos Paz, provincia de Buenos Aires. 


Vasco: Hoy estamos con un invitado especial, un compañero de lucha de muchos años, Facundo Gramuel, presidente de la cooperativa láctea MasterCheese, una empresa recuperada que, como tantas otras, hoy produce en las peores condiciones del mercado, pero sigue peleando por sostener el trabajo y la dignidad.

Facundo: Ya son doce años de lucha los que estamos llevando adelante junto a un grupo de compañeros en Marcos Paz. Luchándola en las peores condiciones, no porque haya caído nuestro nivel de sabiduría ni porque se hayan roto las máquinas, sino por esto que nos impone el mercado: cada vez se consume menos y, por ende, cada vez producimos menos.

Esa es la lucha que estamos dando hoy por hoy, tratando de no bajar los brazos y de buscar estrategias y alternativas para seguir sosteniendo la cooperativa con los compañeros. Hoy, por ejemplo, discutíamos con nuestro proveedor de leche. Yo quisiera volver a comprarle los cinco mil litros diarios que hacíamos toda la semana. Hoy estamos en ocho mil litros semanales, para que se den una idea de cómo ha caído el nivel de consumo.

Nuestros quesos siguen prácticamente al mismo precio que hace un año. Y no es que haya caído la calidad, ni nada, simplemente la gente consume cada vez menos. Esa es la pelea que estamos dando hoy junto a los compañeros.

Para no reventarnos, agregamos cosas. Antes hacíamos solo queso. Ahora hacemos mozzarella, dulce de leche, que es una línea nueva que largamos hace un tiempo. Siempre nos vamos poniendo como postas: “Bueno, aguantemos hasta el mes que viene que arranca el sardo, que viene el frío”. Después decimos: “Aguantemos hasta marzo, que arranca el dulce de leche”. Y siempre corriendo, siempre buscando esa esperanza para no aflojar.

Lo que más destaco de todo esto es el laburo colectivo, el seguir tirando todos parejitos de este carro y no aflojar. Hoy estamos produciendo una vez por semana, cuando antes lo hacíamos todos los días. Y es difícil. Es difícil incluso para los compañeros, porque se les hace difícil estar medio al pedo. Ya barrimos, ya limpiamos, ya pintamos, ya cortamos el pasto, y te dicen: “Che, ¿qué hacemos?”. Ellos quieren producir.

Pero estratégicamente decidimos trabajar menos, porque si seguíamos trayendo leche nos empezábamos a endeudar, y después iba a ser peor. Estamos laburando lo justo y necesario. Y eso también quiere decir que a veces los compañeros llevan menos guita a la casa. Y son conscientes de eso, pero la realidad la entienden porque está a la vista. No es que no laburamos porque no queremos, sino porque los quesos siguen entrando a la cámara y no se venden. Simplemente eso.

Vasco: A pesar de que armaste distintas cosas.

Facundo: Si. Tenemos dos almacenes, uno en la fábrica y otro en un predio ferial en Marcos Paz, eso es lo que hoy sostiene a la fábrica. Logramos eliminar al revendedor de la cadena de valor: va directo de fábrica al consumidor final. Y aun así, a la gente le cuesta.

Un pedazo de sardo lo vendemos al mismo precio que hace un año. Antes la gente te decía: “Dame un sardo”. Ahora te dicen: “Tengo tres mil pesos, ¿cuánto me alcanza?”. Ya no te piden cien gramos, ni medio queso, ni un cuarto. Te dicen: “Dame tres mil pesos”. Esa es la realidad que está viviendo hoy nuestro pueblo.

Vasco: Sí, la baja de consumo en nuestro pueblo se nota. Pero lo que no se nota es que eso se traduzca en política. ¿Por qué pasa eso?

Facundo: La verdad es que no lo sé. Creo que la sociedad está atravesando una especie de adormecimiento. Hay gente que incluso te dice que está bien. Y vos decís, ¿cómo puede ser que estés bien si antes te llevabas el queso entero y ahora no? La realidad en algún momento los va a golpear. Porque no se entiende cómo todavía se sigue bancando esto. Falta reacción. 

Vasco: Falta representación, falta dónde canalizar todo esto. 

Facundo: Falta autocrítica de nuestros dirigentes. A nivel nacional, no escuché autocrítica de nadie. Antes, por mucho menos, se cortaba una ruta o se hacía un paro. Hoy, como mucho, van a Plaza de Mayo, se comen un choripán y se vuelven.

Creo que una gran parte del pueblo está defraudada y no se siente representada por nadie. Y hay una parte mínima a la que esto le viene bien. Nosotros la realidad la vemos en los números: producíamos diez mil litros por día, sesenta mil por semana; hoy estamos en ocho o diez mil por semana. Con eso ya está todo dicho.

La gente dejó de creer en los representantes sindicales, políticos y sociales. El pueblo está solo. Y entonces queda esperando un milagro divino que lo salve. Porque no se entiende, no te alcanza para comprar la leche y decís que estás mejor. 

Bruno: Para mí tiene que ver con que no hay expectativa ni esperanza. No hay una salida visible. Entonces, la bronca cae en saco roto, porque no tenes dónde canalizar estratégicamente esa bronca para transformarla en algo mejor. Nuestros dirigentes no tienen la capacidad de mostrarnos un camino en el que nuestro esfuerzo militante nos lleve a un futuro mejor. A nadie le gusta salir a protestar. Nadie protesta por deporte: uno se moviliza porque cree que eso va a mejorar su vida. Cuando no hay una estrategia ganadora, la gente se retrae. Uno pone en la balanza y dice: “bueno, todavía como, todavía sobrevivo, entonces no voy a gastar parte de mi tiempo en pelear sin saber hacia dónde voy”. 

Si bien en la política argentina se plantea un binomio entre los sectores nacionales y populares los de la derecha liberal, creo que nuestro pueblo entiende que esos dos caminos están llevando a lo mismo: una pauperización de la vida. Entonces, no elige el camino de la lucha y la militancia. A lo sumo, espera cada dos años y elige lo menos peor, pero no se identifica con un proyecto político que prometa vivir mejor. No está claro qué es lo que nos propone la dirigencia para estar mejor. 

Vasco: Yo no le quitaría responsabilidad al pueblo, aunque la mayor responsabilidad es de la dirigencia. Siempre pensé que la dirigencia política, sindical y social tiene que ver con el nivel de consciencia de nuestro pueblo. Esos dirigentes existen porque el pueblo dio hasta ahí. Y sí, hubo una equivocación grande. Quizás eso explique por qué la bronca todavía no estalla: cuesta reconocer que uno se equivocó. Entonces se espera un poco más, a ver si algo cambia. También, hay que decir algo: con esta crisis, cualquier empresa capitalista ya habría cerrado. 

Facundo: Justo veíamos que ayer lácteos Verónica dejó de producir. Pararon la planta, cheques sin fondo, no le pagan a la gente. Esta crisis no le escapa a nadie.

No sólo las PyMES cierran. Las grandes empresas, cuando hay poca demanda, terminan vendiendo por debajo del costo para salvar algo, pagarle a los bancos y los sueldos. Y eso funde a las más chicas. 

Vasco: Si, las grandes hacen eso, pero después lo compensan exportando: nos sacan la leche a nosotros para mandarla afuera. Es absurdo que un país que produce alimentos no pueda alimentar a su propio pueblo ni sostener sus PyMES, pero sí exportar.

La recuperación

Facundo: En 2012 hubo una crisis con la patronal: dejaron de pagar sueldos, vendían máquinas, vaciaban. La fábrica quedó abandonada y un grupo de trabajadores decidimos hacernos cargo.

Una de las últimas charlas con que tuve con el ex patrón, me decía “la fábrica no te la doy”. Yo no quería la fábrica para mí. Quería formar una cooperativa para salvar puestos de trabajo. Los fierros no valen nada si no podes producir. 

Así que, en abril de 2012, la patronal se fue y, con ayuda del sindicato y del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, la pusimos a producir. No fue fácil. Éramos todos de producción, no había vendedores, pero arrancamos. Conseguimos la expropiación, la matrícula, y seguimos. Pasamos el gobierno de Macri, la pandemia de COVID, y ahora esta crisis nos está llevando puestos, pero seguimos resistiendo. Lo importante es que los compañeros tengan su retiro los fines de semana para seguir bancando la olla. 

Hoy no sólo producimos queso, tenemos una biblioteca, un bachillerato popular, un almacén con precios accesibles. No es que la empresa es de los trabajadores que están ahí adentro y nada más. Entendemos que la recuperación viene de una lucha que no es solamente de los trabajadores, sino de las organizaciones sociales, de los vecinos. Siempre el barrio, la comunidad, acompaña estos procesos. La empresa es de los trabajadores y para la comunidad. 

Poner a disposición los espacios que no se usan, sobre todo para que el pueblo se eduque, que es lo que hace falta hoy. Aprender en un bachillerato popular no es lo mismo que ir a un colegio normal. La educación es clave: conocer la historia, entender lo que ya pasó. Tratar de explicar que esto ya pasó en los 90. La importación destruye trabajo, genera desigualdad. Y vuelve a pasar hoy.

Estamos viviendo una nueva colonización. Cuando vino Colón con los espejitos de colores y se llevaron la riqueza; hoy nos venden el parlantito, el micrófono, ropa interior. Eso a la larga te destroza. Por eso hablo de la educación. Tenemos que educar, transmitir experiencia para que esto no se vuelva a repetir. 

Bruno: Sumo que, si bien la educación y la formación son necesarias, si no hay procesos de lucha no van a surgir ni teorías nuevas ni dirigentes capaces de llevar adelante la lucha que tenemos que dar. Una tarea va a tener que ser necesariamente convencer a esos compañeros y compañeras que no se resignen y que no se queden esperando, porque la estrategia revolucionaria no va a surgir de un programa de radio ni de un paper de la facultad. 

Vasco: Facu, ¿qué está pasando con el precio de la leche? 

Facundo: La leche subió, no te sabría decir exacto, pero viene subiendo el 1%, 1,2%. 

Vasco: ¿Está casi llegando a 600?

Facundo: Si. Pasó una cosa histórica, y eso que yo trabajo en la lechería desde los 14 años. Ni bien asumió este gobierno, aumentó un 19% en el primer mes y de ahí no paró nunca de aumentar. Nosotros hablábamos con el productor y con los clientes, “esto en algún momento va a caer por su propio peso”, porque no podía ser que todos los meses aumentara. Y ese momento llegó. 

Por ejemplo, un cliente nos compraba 50 barras todas las semanas, ahora está comprando 25 semana por medio. Pero mi barra sigue siendo la misma, la hago con el mismo fermento. La calidad no cambió. Lo que cambió es que la gente no tiene más plata. Es por eso que la rentabilidad de exportar hoy conviene más que hacer producto acá. Hoy está todo planchadisimo. 

Como te decía, Verónica, la Suipachense y otras PyMES de la zona han cerrado. Está complicado el asunto. No ha dejado subir nunca el precio de la leche. Está 480 más IVA, y termina saliendo casi 600 mangos el litro de leche. 

Pablo: Yo soy de Flores, y Verónica tenía la central ahí desde hace más de 100 años. Y hace 3 meses, paso por ahí, por Bacacay y Nazca, y veo que tiraron la central, vendieron y tiraron la central. Están haciendo galpones para la venta de productos importados. 

Facundo: Si, y cierran tambos también. Hace poquito otro colega de la zona de Navarro me comentaba de un tambo que está por cerrar. Se cae todo. 

Pablo: Y ahí en Marcos Paz, donde está MasterCheese, ¿cómo ves el barrio?

Facundo: La gente está dormida. Yo creo que le han metido mucho odio y del odio no se vuelve fácil. Y la gente está enojada y también se enoja por las dudas. Como dice el Vasco, saben que se mandaron la cagada de votar esta porquería y no te lo van a reconocer. 

La forma de hacer política está cambiando, y nosotros tenemos que aggiornarnos. Buscar cómo volver a conquistar a nuestro pueblo para que vea la realidad que estamos atravesando.

Vasco: Sí, es una cosa difícil para cualquier militancia que se precie de pensar cómo cambiar. Hoy hablábamos de cómo ser lo suficientemente inteligentes para convocar a los compañeros que nacen con esa semilla de la justicia, y lograr que se sientan parte de una organización, que se sientan cómodos y útiles dentro de ella.

Yo creo que la militancia anterior también tenía un vicio, un poco lo que decía Bruno hoy: se había acostumbrado a organizarse en el reclamo y en el resultado, como si fuera un “si hago esto, obtengo esto”. Sin recordar o sin comprender, por falta de discusión política, cómo son las luchas de los pueblos, lo largas que son, y el sacrificio que implican. Muchas veces sin llegar a un resultado, pero con la satisfacción de haber peleado.

Nos educan desde chiquitos a que todo movimiento tiene que tener un resultado inmediato. Me muevo y tengo algo. A los nenes lloran y lo primero que hacemos es tirarles algo para que se callen. Pero ser militante es más complejo. Ser militante es dar. Es venir a dar y sentirse feliz por el sacrificio que hacemos por los demás. Es toda una cultura que hay que romper.

También el conjunto del pueblo se acostumbró a disputar con el Estado algo de la distribución a partir de la movilización. Entonces, hoy pasa que la organización social sale a movilizar y, por más movilización que hagas, no conseguís nada. Y el compañero te dice: “¿Para qué me hiciste movilizar si no conseguimos un plan, si no conseguimos nada?”. Eso también es una estructura que tenemos que romper.

La construcción de una organización revolucionaria —independientemente de las nuevas tecnologías— va a tener que basarse en la actitud y en la razón de ser de cada militante. El sentimiento es el mismo. Lo difícil hoy es la falta de resultados inmediatos que paraliza a la sociedad. 

Al conjunto de nuestro pueblo no lo vamos a convencer solo con palabras. Nosotros tenemos que ser un ejército de militantes con diagnóstico, con programa y pensando permanentemente cómo mejorar la vida de nuestro pueblo. Pero nuestro pueblo nos tiene que ver con la fortaleza suficiente como para apostar por nosotros. Si no ve una organización con capacidad real, va a ser difícil sumar. Siempre va a haber nuevos militantes que se sumen a esta idea de existir en función del servir, del servir al conjunto. 

Bruno: Pero también seamos severos con una parte de la militancia. Durante cuatro años, cuando hay una gestión más o menos amigable, se hacen los guapos desde algún puesto; y cuando son oposición, están comiendo sushi en Palermo y tuiteando desde la casa. 

Facundo: Eso también es autocrítica. Porque cuando conseguíamos cosas, éramos revolucionarios, éramos el Che Guevara, y ahora cuando hay que ponerse los pantalones, no se los pone nadie. 

Bruno: Hay una camada militante que me parece que hay que tirar a la basura, capaz nosotros también deberíamos irnos a la basura, pero hay que discutirlo, hacer una autocrítica real.

Julio: Desde nuestro sector, yo creo que nosotros tenemos legitimidad para hablar porque estamos todos los días en el territorio. Yo entro todos los días al predio de Farmacoop, me cruzo a Bruno, a los compañeros, entramos temprano, nos vamos tarde, seguimos peleándola. Cuando vemos a los compañeros que hoy están escuchando, pasa lo mismo.

Yo coincido con lo que dice Bruno. Hay muchas cosas que hay que discutir con nuestros compañeros. No queremos señalar con el dedo a nadie. Queremos liberar a nuestro pueblo y desde ahí discutimos. Capaz nos equivocamos de camino. Porque la realidad de hoy nos muestra que algo mal hicimos. Y está buenísimo que haya debate.

Facundo: Capaz tendríamos que haber puteado más para arriba. La autocrítica es difícil, pero necesaria. Dyango tiene una canción que dice que quien suele decir primero “lo siento” es quien quiere más. Y nosotros queremos a nuestro pueblo y decimos “Perdón, me equivoqué”. Eso también es militancia.

Me acordaba de una situación en la fábrica. Cuando se armó el quilombo, un referente del sindicato me dice: “Negro, ya está, se fue el tipo, ¿a quién le vamos a pegar?”. Y yo le dije: “No, Julito. Yo no me retiro de esta pelea sin haber tirado una piña. Vamos a pelearla”. De ahí surgió la idea de hacer la cooperativa. Y acá estamos. 

Vasco: Hoy escuché una anécdota buenísima. En Canal 9 salió un pizzero de la provincia de Buenos Aires puteando a Milei, con las fotos de todos los presidentes y la de Milei dada vuelta. Y decía algo espectacular: “En vez de traer productos chinos, ¿por qué no nos mandan chinos que vengan a consumir? Capaz me compran una pizza”. 

Bruno: Las mejores ideas muchas veces salen escuchando al pueblo, no repitiendo recetas viejas.

Vasco: El Movimiento de empresas recuperadas siempre fue autocrítico, incluso cuando las cosas salían bien. Nunca le echamos la culpa solo a los demás. Siempre discutimos qué nos faltó, por ejemplo, no tener mayor capacidad de movilización. 

Recuperar fábricas lo hicimos bien, ponerlas a producir lo hicimos bien, hacer productos de calidad lo hicimos bien. Pero si no hay consumo, ¿de qué sirve? Si el pueblo no tiene para comprar, toda esa lucha queda en el aire.

Bruno: Yo no veo la autocrítica en el Movimiento. El Movimiento siempre nos enseñó que somos nosotros los que nos tenemos que poner adelante de la autogestión y de la lucha por la recuperación. Cuando el Movimiento aparece en los conflictos siempre se plantea que va a acompañar. Puede marcar un condicionante, decirte cuáles son las puertas que hay que tocar, pero son los laburantes los que tienen que llevar adelante la pelea. Y se hace desde hace 28 años. Yo no veo la autocrítica acá. 

Facundo: No, yo no digo para nosotros, si nosotros estuvimos en todas. Pero digo, las revoluciones no son como en 1800 ni como en los 70. Cambió la forma de hacer política. Tenemos que salir a buscar nuevos militantes desde las relaciones humanas, decir: “Me equivoqué, pero salgamos a ver cómo cambiamos esto”. Tenemos que ir a buscar a los pibes que están en la falopa, en el paco, y traerlos a militar. Regar esa tierra. No sólo para las empresas recuperadas, sino para el país.

Carina: Yo creo que está bueno que vengan los compañeros de las empresas a recuperadas porque hay propuesta, es algo que se hizo. Por ahí es chiquito, pero no es que se habla solamente de las ideas, es algo real, que nace de los trabajadores, que nació de nuestro pueblo. Por eso hubo, quizás, tantas equivocaciones, porque no hay una teoría de cómo recuperar una empresa o en su momento no la hubo. Pasan los años y tu experiencia le va a servir a otra empresa láctea que se quiera recuperar, y está bueno que lo difundamos porque creo que esa es nuestra propuesta, algo que ya se hizo. Hay muchos que solamente hablan y no hacen. 

Cuando hablamos de la representación, Facu trae que hay que crear algo nuevo. El sistema democrático tal como está constituido está agotado, es un sin sentido, nadie quiere ir a votar. Y pensar, ¿cómo sería otra democracia? Elegir nosotros quiénes queremos que estén. En las instituciones no estamos. Como decía Bruno, se cayó en militar para ocupar un puesto. Y desde ahí no se transforma la realidad. Estamos cada vez peor y creo que este sistema democrático es parte del problema. 

Bruno: Porque es de papel. Al menos la conformación del poder en Argentina, como está constituido hoy en día, sin poder popular que lo sostenga, no sirve. Está demostrado por lo que pasa en la región. Ponele que, con esta democracia condicionada, asuma un presidente que se la juega, pero no tenes construida la suficiente legitimidad en tu pueblo para defender. ¿De qué democracia estamos hablando si a un loco en el norte se le ocurre entrar en helicóptero y llevarse al presidente? 

Entonces, ni siquiera es una discusión académica lo de la democracia, es práctica, es una discusión de construcción de poder. La discusión no es si es mejor votar cada 2 o cada 4 años, si por boleta única o con papel. No es esa la discusión. El límite de la opresión del imperio es la fuerza que el pueblo sea capaz de oponerle. Esa es la discusión.

Facundo: Ese es un buen laburo que hizo el poder imperial, te destruyó. Acá metieron presa a una dirigente política, los pibes decían qué quilombo se va armar, ¿y qué quilombo hicieron? Ninguno. Todo esto fracasó. Los planes fracasaron, los sindicatos con las reivindicaciones salariales sin hacerle ver a los trabajadores que no era solamente eso, fracasaron. Si la gente no consume, eso se cae. Los políticos lo mismo. Fracasamos en todos lados. 

Nuestro pueblo necesita mucha más educación, pero no sé si es de la forma de Sarmiento. Hay que buscar otras formas de educar. 

Julio: Cuando decíamos que no teníamos capacidad de movilización, creo que en muchos momentos se pudo haber engordado la organización, pero se eligió otro camino, y ahí creo que el Movimiento acertó. Porque hoy cuando llevamos a los compañeros, nosotros estamos. Tengamos o no tengamos plata, nosotros vamos a estar. Y tal vez en otras organizaciones hermanas algo que está pasando es que no se está pudiendo recomponer todo eso. Nosotros no venimos por plata, ni por un puestito ni por nada. Tenemos que dar todas las luchas dentro del Estado, en los sindicatos, en todos lados. 

Como decías, Facu, que el sindicato se tiene que dar cuenta de que cuando hay una guerra mundial y se están peleando por los continentes, se están peleando por los países, lo reivindicativo, esa forma de hacer sindicalismo, ya caducó.

Facundo: Esta discusión también la tenía con un compañero de otro sindicato. El discurso está bueno, entiendo todo la lucha de los 70, las reivindicaciones, el despelote que hizo Menem en los 90 y todas las conquistas y los derechos, pero hoy tenés más del 50% de la gente que está por fuera de eso. 

Entonces, cuando vas a hablar con un vecino y le decis, «porque el aguinaldo y las vacaciones», me va a decir, «¿de qué aguinaldo me hablas? Si yo nunca estuve en una fábrica, no conozco eso”. 

Está muy bien que se recuerde las compañeras que murieron para que haya una jornada laboral de 8 horas. Pero no nos quedemos solamente con eso porque la gran mayoría de nuestro pueblo está por fuera de eso. Entonces, si no podemos entender que el 50% está por fuera, estamos complicados. 

Carina: A nosotras nos pasa con el paro del 8 de marzo, el día internacional de la mujer trabajadora. Nosotras somos autogestivas, ¿nos vamos a hacer un paro nosotras mismas? Entonces ahí empiezan esas diferencias. Lo mismo cuando asumió este gobierno, que decían “vienen por nuestros derechos”. La mayoría estamos en las barriadas, hace un montón de años que nos vienen negando los derechos básicos. Y ahí es cuando empezas a alejarte de la realidad de la mayoría. 

Facundo: Por eso digo lo de la autocrítica. Si queremos hacer algo grande, tenemos que convocar a todo el mundo y yo sé que hice todo lo que pude, pero bueno.

Bruno: Nos tenemos que hacer cargo de toda una historia militante de la que somos también continuidad o parte, de alguna manera. 

Facundo: Sí, si no, no convocamos a nadie, nos quedamos nosotros solos. Si los que hacemos política no entendemos que esto está cambiando…

Bruno: Yo creo que hay que encarar las luchas reivindicativas, pero con un fuerte contenido político. A nosotros lo que siempre nos enseñaron cuando recuperamos la fábrica es que vos estás inmerso en un sistema. Está bien, sacas al patrón, logras que la justicia les dé la continuidad, logras que el municipio les dé la habilitación, logras que el ente regulador les dé la habilitación. Ahora bien, si no hay consumo, no puedo agarrar el queso y llevarlo a la heladera del compañero y sacarle la guita de la billetera. Estás inmerso en un sistema. 

Si vos no educas sobre el sistema en el que estás viviendo, no hay lucha reivindicativa que soporte en el tiempo, por más que hayas hecho una victoria heroica. Y ahí me parece que es donde también tenemos que educar, en esa misma lucha. Incluso ganando esas reivindicaciones, eso no te salva de nada. No se trata de ganar una reivindicación tras otra. 

Facundo: Por eso digo. Recuperar la fábrica. Vamos, mañana recuperamos La Serenísima, hacemos la leche. Pero si nuestro pueblo no tiene para comprar leche, ¿de qué me sirven todos esos fierros? Yo muchas veces me lo planteo. Esto está miles de dólares, ¿y para qué te sirve si no lo puedo poner a producir? Si mi pueblo no tiene para consumir, ¿de qué sirvió toda esa lucha?

Pablo: Hoy, antes del programa, hicimos una reunión del MNER y se charlaron las mismas situaciones que se están dando en esta charla. Tenemos que ver cómo organizarnos más desde las bases. Esto requiere más trabajo y requiere de estar juntos, de juntarnos y preguntarle al que está al lado, ¿cómo estás? ¿Qué necesitas? Yo creo que hoy más que nunca nos quieren dividir y que te salves vos solo. El tema es qué necesitamos, qué es lo que necesita el de al lado y con qué se puede ayudar.

Creo que en Argentina tenemos, como en los 50 o en los 70, eso de saber pelear, de saber juntarnos, de tener que enfrentar al enemigo, saber quién es el enemigo en este momento. El enemigo no es alguien que grite por la televisión, el que está al lado, el que se fue de vacaciones a Miami. No es ese el enemigo. El enemigo está claro. El enemigo lo tenemos bien claro, por lo menos en el Movimiento, y contra ese tenemos que estar luchando. 

De esto no se sale solamente haciendo un programa y quejándonos, como hacen muchos. Yo creo que nosotros hacemos otra cosa, discutimos lo que nos está pasando en las empresas, en la realidad con el barrio. Por eso yo te preguntaba, Facu, específicamente cómo estaba el barrio, porque uno, al estar en la empresa toda la vida y recuperarla, tiene otra concepción del barrio, otra unión con el barrio. 

Así que tenemos que empezar a trabajar, a dar propuestas, a moverse, a ver dónde hay una puerta abierta y empezar a trabajar. En Argentina tenemos esa capacidad, por ahí en otros países no se da, pero nosotros sí tenemos esa capacidad.

Vasco: Solamente agregar que esto no es un problema solamente nacional ni una problemática en nuestro país, sino del conjunto de la humanidad. Me parece central esto de que no hay posibilidades de generar un programa, una idea, un sistema, si no hay lucha popular. Pero también es cierto que quienes nos consideramos que queremos cambiar este sistema también tenemos que tener un diagnóstico común de lo que está pasando en el mundo y cuál es la salida para eso. 

No es casualidad lo que le pase a Argentina de acá en más. Nosotros vamos a hacer el esfuerzo y vamos a resistir junto a nuestro pueblo todo lo que podamos, pero visualizamos un una complejidad mayor a la que veníamos teniendo. Las mentiras de los índices, por ejemplo. La desocupación nos decían que era un 8, un 9%, cuando nosotros sabíamos, en el barrio, claramente que era un 30, un 35%, y va a ser mucho mayor. Eso es lo que que me preocupa. 

Me parece que puede ser algún elemento que una a todas y a todas las trabajadores y trabajadores, a todo el sector más humilde de nuestro pueblo en una lucha común, como consigna, como como movilizador hacia la sociedad que soñamos. 

Queremos debatir en serio con todas las organizaciones de militantes existentes. No nos quedamos solamente en el reclamo. ¿Qué hacemos? ¿Cómo se construye el poder popular? El poder popular para enfrentar a este monstruo que es el imperialismo, los dos imperialismos que hoy existen o el imperialismo que exista después, y tener la patria que todos soñamos. 

Facundo: Te interrumpo con un dato. El año pasado se produjeron algo así como 11 millones de litos de leche. Récord de producción de leche. Explicame cómo esa leche no llega al pueblo. Cayó el consumo de leche, los nenes toman menos leche. 

Vasco: Se la están tomando los chinos y los brasileros.

Facundo: Bueno, pero por eso te digo, explicame, explícame eso que yo no lo entiendo. Tenemos todo para hacer. No quiero ser potencia, quiero que nuestro pueblo coma bien. Producimos más leche que nunca y tenemos el menor consumo de leche de la historia. 

Vasco: Cada vez que hay más exportación nos aumentan los precios a los argentinos. Eso es lo que lastima. Pero es producto de todo el proceso. La derrota del movimiento obrero mundial, de las organizaciones políticas y militares que tuvo nuestro pueblo en los 70 produce estas consecuencias. No es que esto apareció un día. Es consecuencia de esa derrota, no solamente la militar, sino la política, utilizando, el enemigo, nuestra fuerza para seguir destruyendo todo. Por ejemplo los organismos de derechos humanos, que convierten a nuestros combatientes en víctimas de no sé qué. Ni siquiera cuestionando al poder imperial. 

A pesar de que todo el mundo sabe la intervención de Estados Unidos, la CIA, en el Golpe de Estado, la pregunta era “¿qué pasó en Argentina? ¿Se empezaron a pelear los militares y los tipos?”. No. Había todo un proceso de recomposición del capitalismo. Es el capitalismo el que mata, el que explota y el que no sirve más. Eso es lo que tenemos que discutir, no repartir migajas de un sistema injusto, sino pensar otra cosa.

Facundo: Hay que buscar la forma de encontrarle la vuelta para entrarle a nuestro pueblo y hacerles creer y mostrarles que no nos merecemos vivir en esta miseria que vivimos. Tenemos que crear una nueva estructuras política, social, de lucha, de base que logre convencer a todo nuestro pueblo que es posible otra realidad. Hay otra forma, hay otro camino y tenemos que construirlo juntos. 


21 de enero de 2026, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.