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La autogestión es el modelo del futuro

En esta primera edición de Conversaciones para la Resistencia, tuvimos de invitado a Pablo Pérez, presidente de la empresa metalúrgica recuperada 1° de Agosto, ubicada en el partido de Quilmes, al sur de la provincia de Buenos Aires. Esta charla fue parte del tercer programa radial de Subversivos, conducido por Eduardo “Vasco” Murúa.


Vasco: ¿Por qué decimos primero trabajo y después industria? Porque nuestra preocupación principal es el hombre, es la trabajadora y el trabajador argentino. Después está la industria, después está el desarrollo, pero primero está nuestro pueblo. En función de esto, lo convocamos a Pablo Pérez, un dirigente sindical y político de nuestro pueblo, y presidente de la cooperativa 1° de Agosto, una fábrica metalúrgica recuperada por sus trabajadores y trabajadoras. ¿Querés contar cómo fue el proceso de recuperación?

Pablo Pérez: Antes, la empresa era Visteon Sociedad Anónima, una multinacional con capitales británicos, con sedes en Brasil y México. Se dedicaba al sistema integral del automotor, la fabricación de radiadores e intercambiadores de aire, que son la calefacción, los intercooler y las conexiones de todo el habitáculo de un auto y camioneta. Las marcas eran Ford, Volkswagen, Toyota, entre otros. 

En esa época, un empleado industrial argentino, un metalúrgico calificado, era uno de los mejores pagos en dólares. En el 2013, con el salario de un compañero en Argentina se le pagaba a dos compañeros en Brasil y a tres compañeros en México. 

Había una sede en Pacheco, que se dedicaba a la parte interior, y una en Río Grande que era el que ensamblaba las piezas que se fabricaban en el país. Salían de Argentina y volvían a entrar a la isla por los beneficios fiscales que tenían. Por ejemplo, lo que yo hacía en Quilmes no terminaba en Pacheco. Entraba de nuevo por Tierra del Fuego como exportación, por el beneficio fiscal. Es decir, iba al sur, 3.000 km, se le se atornillaba el radiador con el intercooler y de ahí volvía, otros 3.000 km, y recién iba a la planta de Pacheco y se terminaba. 

La recuperación de la empresa empezó en el 2014, pero antes, entre el 2011 y el 2013, hubo retiros voluntarios, donde se habrán ido cerca de 100 compañeros. Cuando ya no se fue nadie más, nuestra intención era aumentar la producción. El tema era que la productividad no se iba a multiplicar de la nada, porque los convenios colectivos de trabajo todavía están ajustados a una sola tarea por máquina. Fue una discusión muy grande que se dio con el sindicato. 

La fábrica está ubicada en Quilmes. Yo pertenecía a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Quilmes, Varela y Berazategui, hasta que el 1° de julio de 2014 se anuncia el cierre total de la fábrica, dejando 284 compañeros en la calle. 

¿Y qué pasó el día que les avisaron? 

Había venido un contingente, los country manager, como le llaman ellos, de la operación argentina. Nos llevaron a un hotel en Retiro y nos comunicaron, teníamos traductores porque ellos son todos británicos. Y nos dimos cuenta enseguida, por las caras y por el tono de voz, que cerraban la fábrica. Nosotros ya teníamos el compromiso, previo a esta reunión, de hacer una asamblea en la fábrica porque ya se veían venir algunas cuestiones. 

Al otro día, se notifica el cierre total de la planta y que al otro día iba a estar cerrada. Nosotros fuimos igual y entramos, la ocupamos. Hicimos la asamblea y ahí le comunicamos formalmente a los compañeros que estábamos todos despedidos y que no teníamos más trabajo. 

¿Cuántos eran en ese momento? 

Eramos 284 compañeros bajo convenio, y los administrativos que eran cerca de 50 o 60. Así que eramos casi 350 trabajadores que habíamos quedado en ese momento. En 2011, Visteon llegó a tener 500 trabajadores.

Y ahí arranca la lucha. El sindicato nos acompañó en tiempo y forma. La intención era que la fábrica no se fuera, pero eso se terminó muy rápido. No había posibilidades. Había orden internacional. 

En ese negocio uno va aprendiendo. Cuando nosotros decimos “lo que hago en Quilmes se va Pacheco”, entonces, en algún momento, Pacheco se va a dar cuenta que yo no estoy. Mentira, no te das cuenta porque lo hacen en otra parte del mundo. Ellos ni se enteran que cerraste. No les modifica su producción. Si lo haces vos o lo hace Corea del Norte, es lo mismo para ellos. 

Eso casi que fue un plan estratégico de las grandes empresas para distribuir el trabajo y no concentrar a los trabajadores, porque los trabajadores de Pacheco, los de Tierra del Fuego y los de Quilmes deberían ser una sola planta de Visteon que termine el producto. Si tenes 2000 trabajadores es una potencia importante para la clase trabajadora. 

Claro. En la mesa de discusión, pasar de tener 500 trabajadores por un lado a tener 2000 todos juntos, te convertís en un poder de negociación importante. Pero “divide y reinarás”.  

No somos trabajadores alienados solamente porque no sabemos qué producimos. Ni siquiera conocemos el producto terminado. Hacemos siempre una parte. 

Yo sabía lo que hacía Visteon con las piezas que nosotros fabricábamos en Quilmes porque estaba en Logística y uno sabe a dónde va, viendo facturas y remitos. Ahí nos enteramos los beneficios fiscales. Uno se va empapando de cómo eran los artilugios para este salir del país y volver a entrar como producto terminado.

Bueno, después de hacer esa asamblea, se convoca a los compañeros con el sindicato. Primero era tratar de cobrar la indemnización de todos los compañeros. Una vez saldado ese tema, sale la idea de crear la cooperativa y quedarnos con la planta. 

Pero gracias a esa asamblea y lucha, consiguieron una indemnización mayor al 100%. 

Si. Nosotros nos quedamos con lo que decía la ley, más el 60%. Es decir, con el 160 de nuestro mejor sueldo. Y después de tres meses de estar ocupando, rotando todos los días para no dejar la planta vacía, nos quedamos con la propiedad. Y hoy en día, después de casi 12 años de la toma, te puedo decir que la cooperativa 1° de Agosto es una de las pocas que tiene el título de propiedad con la propiedad.

¿Está a nombre de la cooperativa o de la UOM?

Está nombre de la Cooperativa con un custodio de la UOM, que sólo es para trabajo.

¿Cuál es la situación hoy?

Este año fue muy duro. En la parte metalúrgica sabemos que Quilmes, a nivel PYMES, es muy grande. A principio de año, caían como moscas, cerraron muchas pymes, cerraron matricerías enteras. El parate de la obra pública significó mucho. Tenemos muchos talleres que laburaban para la obra pública.

Si, uno cuando dice obra pública piensa solamente en el sector de construcción, pero significa un montón de actividades que van a través de la obra pública. 

Tal cual. Nosotros tenemos una fábrica grande, que está a cinco cuadras de la nuestra, que hacía tableros de luz y de luminaria. Esos muchachos se quedaron sin trabajo. La matricería Krieger también cerró, y cerraron un par. 

Sí, los datos que decían algunos empresarios y algunos trabajadores del sindicato es que está al 40% de su capacidad instalada. Quiere decir que tenemos el 60% para recuperar. Pero las máquinas están.

Digamos que hay compañeros que no tuvieron nuestra suerte, y en algún momento uno se abraza a la máquina, como todos nos abrazamos a la máquina, pero tal vez en su momento haya que pensar en venderla para poder comer. 

Tratemos que no. Guardemos las máquinas que en algún momento vamos a recuperar. A partir de eso te quería preguntar, ¿cómo imaginas que deberían ser las luchas populares, sindicales y sociales para parar este desastre? Porque ya nos pasó en los 90. Me parece que los métodos sindicales están medio atrasados. Porque pedirle hoy a los trabajadores que paren una fábrica por aumento de salario o por condiciones de trabajo, es medio iluso, por la situación de debilidad en la que está el movimiento obrero. ¿Cuál sería la tarea principal de la dirigencia sindical, la dirigencia de nuestro pueblo para enfrentar este modelo? ¿Qué te imaginas? 

Es una pregunta hermosa para tener un debate de tres o cuatro programas. Pero me parece que nuestra clase dirigente está mareada, no sabe para dónde ir. Sabe que cuenta con esa debilidad, entonces, ante este momento que se vive, el capital avanza. Ellos no descansan, siguen avanzando y creyendo que siempre se puede explotar más al trabajador. Juegan con el miedo de los trabajadores y de los compañeros, el miedo de seguir produciendo antes que quedarse sin laburo, de cobrar menos antes que quedarse sin laburo. 

Así que, me parece que lo primero que tenemos que hacer es cambiar la cabeza de esos dirigentes y poner verdaderos trabajadores que quieran, desde el interés nacional, cambiar la realidad de los trabajadores. 

Creo que es muy complejo plantearlo hoy en día, pero también se está discutiendo una reforma laboral que sabemos que se está dando. No hay nada que aprobar. Es mi humilde opinión. No hay nada que aprobar porque me parece que cualquier trabajador que hoy en día está cobrando 600, 700 lucas, si no tiene dos trabajos, no vive, no come. 

Yo creo que hablar o discutir el proyecto de reforma laboral es de traidores. Solamente un traidor se puede sentar a discutir la reforma laboral. Saben que todo lo que van a poner en esa reforma va en contra de los trabajadores. Así que, para nosotros, los diputados y senadores serán traidores igual. Todos saben que es destrozar la organización sindical, destrozar los derechos de los trabajadores y dejar a nuestra patria como antes del 45.

A veces también debatimos con los compañeros que, desde que Cristina dejó el gobierno en el 2015 hasta ahora, se está viviendo una especie de década de infame. En su momento, la solución a la década infame fue una revolución, la revolución del 43, del GOU. Y después se dieron los primeros pasos para un gobierno peronista en la Secretaría de Trabajo y terminó donde terminó. 

Me parece que hoy en día estamos lejos de eso. Sabemos también que no se puede pensar desde el punto de vista de las fuerzas armadas ni mucho menos. Pero, me parece que la organización del pueblo es el puntapié inicial, seguir haciendo este programa desde acá, juntarnos entre nosotros y saber que la solución a todo esto no va a venir de la dirigencia. Hoy en día la dirigencia está sentada y levantando la mano, y es una vergüenza lo que se está viviendo. Entonces, me parece que no queda otra que organizarse entre los de abajo. 

Nosotros planteábamos que el lugar de nuestro pueblo es la calle y que el lugar de resistencia es el barrio, donde se va a juntar el delegado de fábrica, el compañero de la economía popular, el comerciante, porque ahí sí hay más libertad para juntar fuerza. Dentro de la fábrica es muy difícil. Tenemos que juntar todas estas experiencia de lucha de nuestra clase trabajadora y armar casas de la resistencia en cada barrio y convocarnos, lamentablemente. Porque quién no quiere vivir tranquilo, votar un domingo y después irse a su casa y seguir pensando en lo de él. Pero ya no alcanza, porque la agresión imperialista es muy fuerte hoy, los enemigos son enormes y el proyecto para nuestro país es de destrucción total. 

Es una guerra que me preocupa, porque apoyo a los palestinos; apoyo a Venezuela, no quiero que invadan Venezuela; no me gusta la guerra de Rusia y Ucrania, que me parece una guerra casi comercial para mantener el precio del petróleo, pero es para otra discusión; pero que no se hable en Argentina de la guerra que está sufriendo nuestro pueblo, me preocupa. 

Nosotros cuando denunciábamos esto sabíamos que era fuerte lo que estábamos diciendo, que dos imperios se juntan para destruir a nuestro país y nos atacan desde, como bien explicabas vos, decisiones internacionales que definen cuándo y dónde lo van a hacer, desde el aparato financiero y de toma del Estado argentino y de los misiles que aparecen como productos chinos que destruyen las fábricas. Y nos encontramos que hubo mucha gente de nuestro pueblo que nos pregunta: «che, ¿cómo es esto?»; “esto no lo entendí”; “con esto estoy de acuerdo”. Pero no provocó ningún debate entre los dirigentes sindicales y políticos. Nadie dijo, «che, los del movimiento de empresas recuperadas o el Vasco está loco, ¿cómo van a decir esto?». No hay capacidad de discutir seriamente lo que está pasando. Parece que hay un miedo enorme en discutir el diagnóstico que tiene que tener nuestro pueblo y discutir con nuestro pueblo cara a cara.

Yo creo que no hay inocencia en ese en ese diagnóstico que haces vos. A mí me parece que nos hacemos los boludos. Entonces, cuando vos planteas semejante tema y lo tiras arriba de la mesa, es mejor mirar y decir “che, qué lindo el día”. Yo creo que esas personas que llegaron a ciertos lugares no pueden no ver la realidad que vos les estás planteando. Entonces, son cómplices y hay que decirlo con todas las letras y marcarlo: son cómplices de lo que está pasando. 

En la década del 70, Argentina tenía cuatro veces el producto bruto industrial de Brasil, teníamos cuatro veces más con menos de la mitad de habitantes. Entonces, me parece que ese dato habla por sí solo. Después sí hubo una decisión, dentro de lo que dejó la dictadura de hace 50 años, que nosotros no pudimos revertir. Hay contratos firmados, como el acuerdo de Madrid o la ley de reforma del Estado, que vinieron a garantizar el estatuto de colonia. Algunas cuestiones las pudimos doblar con el gobierno de Néstor y Cristina, y otras cosas no pudimos y quedaron pendientes. 

Sí, la extranjerización de la economía y la primarización, fundamentalmente

Entonces, me parece que queda claro que en este país hay que industrializar. No hay otra manera. Me parece que se terminó el verso de las unidades de negocio. Acá hay que fabricar cosas y el compañero tiene que estar adentro de una fábrica, porque recién ahí vamos a tener trabajo y trabajo digno. Se sabe que el trabajo industrial es uno de los mejores pagos.

¿Qué fábrica te imaginas hoy después de pasar por la cooperativa? ¿Volves a la relación de dependencia o vamos a la autogestión?

No, vamos a la autogestión. Me parece que es la herramienta del futuro. No tengo ninguna duda. El desarrollo lo hacen los trabajadores y trabajadoras. Poner al ser humano en el medio con sus necesidades, y la cooperativa velando por ello. Nadie se desarrolla en una comunidad que no se desarrolla. Por supuesto que la relación de dependencia le da la tranquilidad al trabajador que si hace o no hace, el sueldo está. 

Hoy no tanto. 

Es verdad. Pero, digamos que con sus problemas, con sus cosas buenas y malas, creo que la autogestión es el modelo del futuro. 

Aparte, además de los errores que tenemos en cada una de las empresas recuperadas, también es verdad que el Estado nunca se hizo cargo de las necesidades de los trabajadores en sus derechos de jubilación y eso. Pero bueno, es un tema para después. 

Si. No estamos invitados a ninguna mesa. 

Julio (parte de Subversivos): Pablo, vos decías que un trabajador asalariado gana 600 o 700 mil pesos por mes y que necesita otro laburo para poder sobrevivir. Vos vivís en una barriada de Quilmes, ¿no? ¿Cómo ves a los compañeros de los barrios?

Sí, yo vivo en Quilmes. Lo primero que se ve es el caso de los comedores. Nosotros hemos llegado a no tener comedores, a solamente hacer la comida los viernes, como una actividad. Después, tuvimos que abrir miércoles, viernes y sábado; y ahora tenemos que abrir todos los días. Y antes solamente venían los chicos, ahora ya vino el papá; lo manda al chico con un tapper más grande porque el compañero que se quedó sin trabajo tiene vergüenza de venir a pedir comida y de dividir las raciones en más porciones porque no alcanza. 

Hoy está pasando eso. Y sabemos que las porciones de comida que nosotros damos en los barrios no tienen los nutrientes que tienen que tener, pero por lo menos esa gente se acuesta con la panza llena y uno con la tarea realizada. Pero es grave lo que está pasando y, desgraciadamente, hay mucha bronca también. Hoy, la fuerza de trabajo que tiene la suerte de tener trabajo e ir a trabajar tiene que dejar hasta un tercio el sueldo en el tren o en el colectivo. Es una barbaridad. 

Me parece que es grave de verdad lo que está pasando. Conozco compañeros que de la changa hacen otra changa y de la changa hacen otra changa, porque no alcanza y la necesidad de ellos no es atendida. Salimos a buscar el voto como hacemos siempre cada 2 o 4 años, pero esa realidad nunca se va a revertir. Uno quiere dejar de ser perro, no cambiar de collar, como decía algún sabedor por ahí. Es complicado, y cuando uno tiene hambre, preocupaciones y deudas, no puede pensar demasiado. 

Por eso, el primer punto de cualquier programa político futuro debería ser que todos tengan un salario. Todo argentino tiene derecho a un salario. Un salario y un trabajo, porque un salario no alcanza. No alcanza con la mentira de la renta básica. Porque una renta básica lo que significa es estratificar la sociedad, como los planes que dábamos en el Ministerio de Desarrollo. Eso no da derechos políticos ni sociales, ni libertad para elegir y ser potentes. No integró a nuestros compañeros a la sociedad como lo hizo el general Perón, al contrario, los dejó afuera. Es más, cada uno de nosotros teníamos estar con una pulserita de pobre para que nos den un plan. 

Creo que el próximo gobierno tiene una tarea. Ojalá que el gobierno popular que salga de la insurrección popular tenga la capacidad de entender esto. Sin eso tampoco hay posibilidad de discutir con el poder central, no hay autonomía posible. Porque la única fuerza que vamos a tener nosotros y el único apoyo que vamos a tener es el pueblo, y si no lo integramos no lo vamos a tener. Podemos tirarle un plan, decir: «Hacemos un comedor o tiramos una una cajita de comida”, pero eso no integra a la gente a un proyecto nacional y de desarrollo. 

Eso para la bronca del momento. Es la contención de abajo. Sabemos que este gobierno también tiene la asignación familiar, la asignación universal por hijo, la tarjeta alimentar. La contención que viene por ahí abajo también es una contención a lo que pasó en otros años. Nosotros sabemos lo que fue el 19 y 20 de diciembre del 2001, lo  que pasó en esa época, los 39 muertos que hubo. Veníamos de un país que no tenía esos los planes, no había nada. El que no tenía para comer, comía de la basura. 

Pero bueno, nuestro pueblo tiene siempre una variante para sobrevivir, y pero ojalá estemos lúcidos para encontrar la salida. 


10 de diciembre de 2025