¿Por qué lo sacan a Maduro de Venezuela?
Vasco: Primero, por el símbolo. Buscan destruir cualquier símbolo de resistencia al mandato del imperio. También, un poco de petróleo, para mantener su precio y evitar mayores problemas económicos.
Algo que sucede es que los pueblos nunca se enteran de los contratos. Si bien yo no tengo acceso a los acuerdos entre Venezuela y China, me han dicho que China compraba petróleo venezolano a un precio más bajo. Frente a la agresión imperialista de Estados Unidos, el otro imperio también se aprovechaba. Esto habría que confirmarlo, porque esos contratos son secretos.
En Argentina pasó algo parecido con el contrato con Chevron, que también fue confidencial. Nosotros hemos pedido acceso a la información pública, pero detrás de un Decreto que dice que son confidenciales, nunca nos enteramos.
Todo esto muestra que hay un nuevo acuerdo global, un “nuevo Yalta”. Estados Unidos comete actos de terrorismo internacional y nadie hace más que condenar de palabra. Condenar ya no alcanza. Nos vienen amenazando hace décadas y no sólo amenazaron, mataron pescadores, reprimieron pueblos, y no pasó nada.
Digamos la verdad. Hay un acuerdo entre China y Estados Unidos que en Argentina se expresa en la muerte permanente de nuestras fábricas y de nuestros trabajadores. El desempleo que va a generar esa guerra nos va a dejar muy golpeados, quizá no derrotados del todo, pero sí muy dañados. Se destruyen las organizaciones sindicales, las PyMES, y se avanza hacia la extranjerización total de la economía. Quieren que seamos sólo un enclave de materias primas y minería.
En un país de 50 millones, 30 no tenemos lugar. Vamos a un “no lugar”. Ese “no lugar” al que nos empujan puede explotar. Porque este modelo no cierra por ningún lado.
Este año, en Argentina, se fugaron 37 mil millones de dólares. Luego nos devuelven apenas 3 mil millones, pero como deuda, al 7% anual. No hay país que resista. Esa plata es de los jubilados, de los trabajadores, de la educación, de la salud, de las rutas, de las fábricas destruidas.
Sin el aval del Estado norteamericano nadie le hubiera prestado un peso al gobierno. El viernes pasado no tenían ni siquiera los fondos para pagar la cuota de la deuda privada externa.
Julio: Uno de los compañeros con los que hablamos nos dijo que en Bolivia están empezando a moverse. Acá no estamos haciendo nada. Yo creo que a veces los pueblos tardamos en darnos cuenta y en asumir el compromiso necesario para cambiar y dar la pelea que tengamos que dar. Creo que tenemos que caminar más al territorio. Bolivia nos está dando la respuesta. Están cortando rutas por todos lados, se suman organizaciones, se construye consenso.
Vasco: Si, lo de Bolivia es un buen dato. Mandamos nuestra solidaridad a los compañeros. En Argentina estamos un poco más atrás, no tenemos una central obrera como la COB (Central Obrera Boliviana), que se pone al frente de sus trabajadores por mucho menos que lo que hace el Estado argentino.
De cualquier manera, también, hace muy poquito el pueblo boliviano se equivocó votando a Rodrigo Paz Pereira, y legitimando esa política de saqueo que se viene a instalar.
Carina: Si, el pueblo votó, pero el gobierno anterior también se equivocó.
Vasco: Los gobiernos siempre se equivocan. Cuando los gobiernos se equivocan es un problema; cuando se equivocan los pueblos es una catástrofe. Eso es lo que tienen que aprender los pueblos. No es lo mismo que se equivoque el político que cuando el pueblo en su conjunto decide votar al patrón. Votar al propio patrón es lo peor que puede pasarle a un pueblo. Es verdad que hay responsabilidad de los dirigentes y de los gobiernos anteriores, pero nosotros no podemos sacarnos esa responsabilidad de encima.
No pudimos convencer a nuestro pueblo. No pudimos dar esa discusión con nuestro pueblo. Y el odio se desata peor porque le generamos legitimidad a la derecha para hacer los desastre que hace. No nos saquemos la responsabilidad de encima.
Sabíamos quién era Alberto Fernández, sabíamos quién era Cristina Kirchner. Sabemos cómo funciona el Estado capitalista. Si no se destruye ese Estado, vamos a terminar nosotros gobernando para el capitalismo y nos vamos a equivocar. El Estado está coartado por las grandes empresas. Los políticos están extorsionados por las grandes multinacionales: si no les dan beneficios, se van y dejan miles de trabajadores en la calle, y te los ponen en contra.
Como autocrítica de los dirigentes, me parece que a veces nos descansamos. Esto no es una crítica a los trabajadores que se levantan a las cuatro de la mañana y vuelven de noche, cansados, tratando de sobrevivir. A ellos los agarran con la guardia baja.
Nos faltó dar la pelea. No fuimos capaces de explicar con claridad qué estaba pasando con la inflación, con los monopolios, con los precios. No frenamos a las grandes empresas. No son tantas, 500 empresas contra 30 millones de personas. ¿Cuántos militantes éramos? ¿Dónde estábamos? ¿Dónde estaba cada uno de nosotros mientras nos robaban la comida de la mesa?
En los momentos más difíciles de la historia siempre apareció un pueblo, aparecieron luchas, aparecieron dirigentes y hasta intelectuales. No hay que esperar pasivamente: hay que hacer la tarea para que el pueblo se ponga en marcha, para que sufra menos y pueda organizar su bronca de una manera colectiva y transformadora.
Yo creo que esa bronca se va a organizar. Más temprano que tarde. Va a aparecer esa fibra que alguna vez tuvimos y que siempre vuelve a aparecer. Como pasó en los años 94 y 95, cuando a partir del desempleo surgieron los primeros piqueteros. Hasta ese momento éramos pocos militantes, tirábamos alguna piedra y teníamos que salir corriendo rápido porque éramos muy pocos.
Mientras tanto, había una parte importante de la sociedad que disfrutaba del dólar barato, algo bastante parecido a lo que pasa hoy. En los noventa, incluso, era una proporción mayor que ahora: casi el 50% de la población lo disfrutaba. Hoy es alrededor del 25 o 30%. Pero bueno, a veces cuesta encontrar por dónde encarar la esperanza, y por eso se la dejo al otro.
Julio: Cuando hablamos de esperanza, yo creo que hay muchísimos jóvenes que todavía no se están dando cuenta de lo lindo que es militar. Yo, en estos últimos 20 años de militancia en el movimiento, viví los momentos más felices de mi vida.
Muchas veces, cuando recuperamos una fábrica y vemos a compañeros que estaban totalmente caídos después de meses sin cobrar, y te miran a los ojos, eso no tiene precio. Es lo más lindo que hay. Y creo que muchos jóvenes se están perdiendo de eso, pero sólo por ahora. Yo estoy convencido de que los jóvenes son mucho más inteligentes que nosotros, que van a ser mejores y que se van a dar cuenta de que no hay nada más lindo que militar. Compartir momentos como estos en la radio, estar en una fábrica ocupada, dormir ahí, charlar con los compañeros, eso no tiene precio. Es vida compartida.
Creo que muchos jóvenes se van a dar cuenta y van a empezar a hacer lo que hay que hacer. La comunicación en estos últimos 20 o 30 años nos pasó por arriba, no lo supimos ver, pero será cuestión de parar la pelota, reflexionar y seguir.
Quería decir esto: que la militancia, en los últimos años, a mí me hizo feliz. Me duele ver a nuestro pueblo y a muchos jóvenes que todavía no la están viendo, claro que duele. Pero también hay muchas cosas lindas que vivimos y que seguimos compartiendo, más allá de la coyuntura. Hay mucho por hacer y los jóvenes van a dar esa pelea necesaria.
Vasco: Los convocamos a participar en política, a estudiar, a comprender, a tener diagnóstico y a estar junto a su pueblo. No hay nada más hermoso que caminar junto a tu pueblo. No hay nada más hermoso que cantar junto a tu pueblo: ahí no se desafina nunca. Cuando estamos juntos, no desafina ninguno.
A los jóvenes los convoco a eso: a caminar junto a su pueblo, a comprender la realidad y a sentir lo que siente su gente. Les digo: dejen un poco la mentira del sistema y del consumo. Vengan a militar, que eso llena mucho más.
07 de enero de 2026, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
